Disfruta de la vida
VEINTIUNO es un hotel emblemático ubicado en un edificio histórico del siglo XX, ubicado en una ubicación urbana exclusiva. Representa una mezcla armoniosa de tradición y confort moderno, donde el auténtico lujo se combina con la genuina hospitalidad. El proyecto surgió de la visión de crear no solo un alojamiento, sino una experiencia sensorial completa que celebre los mejores placeres de la vida sin sentirse inaccesible.


el reto
El proyecto se enfrentó a un delicado equilibrio: cómo honrar el estatus emblemático y el posicionamiento exclusivo del hotel, evitando al mismo tiempo la percepción de que es frío e inalcanzable. Además, la marca necesitaba diferenciarse en un mercado en evolución en el que los alquileres vacacionales ganaban protagonismo. El desafío consistía en crear una marca que pudiera transmitir una calidad superior y, al mismo tiempo, mantener la calidez y la accesibilidad.




SOLUCIÓN
Desarrollamos una plataforma de marca centrada en el «sibaritismo humanizado»: un enfoque que celebra los placeres refinados de la vida y, al mismo tiempo, los mantiene accesibles y genuinos. La estrategia se centró en tres pilares clave:
- The Space (edificio histórico y emblemático)
- The Inhabitant (viajeros exigentes que buscan experiencias especiales)
- La emoción (placer constante y satisfacción sensorial)
Esta trinidad formó la base de una marca que habla a los cinco sentidos, transformando cada punto de contacto en una oportunidad para deleitarse.



IDENTIDAD VISUAL
La identidad visual se creó en torno al eslogan «Disfruta de la vida», una promesa hecha a través de experiencias sensoriales:
- Disfruta de la suavidad (táctil)
- Disfruta el sabor (Sabor)
- Disfruta del silencio (sonido)
- Disfruta el olor (aroma)
- Disfruta de las vistas (Vista)
Cada sentido recibió su propio tratamiento visual, creando un sistema cohesivo que comunica el lujo a través de la experiencia en lugar de la ostentación.





«Veintiuno no tiene que ver con el costo del lujo, sino con el arte de experimentarlo. Aquí, la exclusividad no susurra «no puedes permitirte esto», sino que susurra «te lo mereces»













